viernes, 2 de mayo de 2008

La dimensión hermenéutica del psicoanálisis según Ricoeur

Por Rafael Frias

Paul Ricoeur hace un debate con el psicoanálisis. El escenario donde acaece la discusión es el lenguaje, que es donde coinciden todas las indagaciones filosóficas. De este modo, El psicoanálisis constituye su principal foco de atención. Ricoeur se propone desenmascarar un aspecto no practico del psicoanálisis que no esta orientado solo a renovar la psiquiatría, sino a reinterpretar la totalidad de los productos psíquicos que pertenecen al dominio de la cultura, desde el sueño, la religión, pasando por la moral. La razón por la que el psicoanálisis esta incorporado al debate contemporáneo sobre el lenguaje, se debe a su interpretación de la cultura, donde Freud invita a buscar en el sueño la articulación del deseo y del lenguaje. Así, el psicoanálisis propone que no es el sueño soñado lo que se interpreta, sino el relato del sueño, de modo que el lenguaje constituye el punto clave del análisis.

La interpretación se da sobre el sueño, que se muestra como una apertura a todos los productos psíquicos, en cuanto que son análogos al sueño en la cultura (el chiste, los mitos, las obras de arte, la ilusión religiosa, etc.), de manera que el sueño y sus análogos participan del lenguaje donde las significaciones complejas de otro sentido se da y se oculta a la vez en un sentido inmediato, por lo que constituye una región de doble sentido. Sin embargo el problema del doble sentido no es propio del psicoanálisis, de forma que lo propio del doble sentido es mostrar y ocultar.

Si definimos la interpretación como la inteligencia del doble sentido, el psicoanálisis es el lugar de el doble sentido y donde se enfrentan las diversas formas de interpretación. La interpretación del doble sentido constituye un tema privilegiado para la hermenéutica, que Ricoeur la define como la teoría de las reglas que presiden a una exégesis. El símbolo se adhiere al problema del lenguaje por el acto que sobre el se ejerce de interpretación. Esta realidad suscita la necesidad de deslindar o definir el concepto de símbolo e interpretación a fin de aclarecer horizonte hermenéutico.

Según Ricoeur, el símbolo se ha definido de dos formas, una muy amplia: la que hace de la función simbólica, la función general de mediación por medio de la cual el espíritu y la conciencia, construye todo sus universos de percepción y su discurso. El problema de esta definición es la articulación de las múltiples funciones del lenguaje en un único imperio del discurso, sin embargo, la función simbólica consiste en decir otra cosa que lo que se dice. La definición corta del símbolo es la que se concibe como el nexo de sentido a sentido, en el símbolo por analogía. Esta definición tiene un trasfondo platónico, y no abarca todo el campo hermenéutico.

Ante las dos concepciones anteriores, Ricoeur propone definir el símbolo como el lugar donde la expresión lingüista se presta por su doble sentido o sus múltiples sentidos, a un trabajo de interpretación, donde la textura del símbolo es lo que permite su interpretación. El problema del símbolo nos remite al de la interpretación, de modo que todo símbolo ha de ser interpretado.

Al igual que con el símbolo, con la interpretación se da el mismo problema de delimitación, la tradición ha propuesto un concepto demasiado largo que procede de Aristóteles, quien la define como todo sonido emitido por la voz y dotado de significación. Aquí la interpretación se concibe como algo puramente verbal, que lo remite a un discurso declarativo, donde se dice algo de algo. La definición corta de interpretación nos viene de la exégesis bíblica, donde la hermenéutica se concibe como la ciencia de las reglas de la exégesis, aplicada a la interpretación particular de un texto. Lo que limita esta definición hermenéutica vista como exégesis, es su referencia a una autoridad, monarquía, colegial o eclesial, y su imposibilidad de aplicación a un texto literario, debido a que la exégesis es una ciencia escrituraria. Esta concepción exégetica de la hermenéutica aporta una definición de texto que rebasa la noción del método escritural. Freud recurrió a esta noción de texto cuando compara el trabajo del análisis con la traducción de una lengua a otra, así el relato de un sueño se ve como un texto ininteligible, de forma que comprender es sustituir. Esta posibilidad de considerar los signos como textos para descifrarlos, es donde recaen los sueños, los síntomas neuróticos, un mito una obra de arte, una creencia, etc. A pesar de estas dos concepciones de interpretación, (hermenéutica), Ricoeur sostiene que no hay una hermenéutica general ni un canon universal para la exégesis, sino teorías separadas y opuestas que atañen a las reglas de la interpretación y constituyen el conflicto de las interpretaciones.

Ricoeur llama a Marx, Nietzsche y Freud, los maestros de la sospechas, en ellos se puede concebir la hermenéutica como desmificacion y/o reducción de ilusiones, mientras que por otro lado la hermenéutica se define como manifestación y restauración de sentido que se dirige como una palabra o mensaje. El símbolo y la Interpretación son mostrados por Ricoeur como dos realidades que se reclaman la una a la otra, y la otra a la una, de modo que el símbolo invita a la interpretación, y la interpretación se da sobre un símbolo.

Cuando Freud presento su teoría psicoanalítica, se pensaba que solo tocaba el campo de la psiquiatría y de las enfermedades neuróticas, sin embargo, Paúl Ricoeur, gracias a la hermenéutica ha demostrado que el psicoanálisis a demás de vincularse a la psiquiatría, constituye una interpretación de la cultura. De modo que el concepto de interpretación lo remite a un campo hermenéutico, haciéndolo participes de las la del debate sobre el lenguaje.

Biografia:

Ricoeur, P., Freud: una interpretación de las culturas